Visca la llibertat. Litografia d'Antoni Miró
Textos de les intervencions dels cònsols de França i Alemanya
Presentación Valladolid/Salamanca 1 y 2 diciembre 2004
Buenas tardes a todos,
En primer lugar quisiera dar las gracias en nombre de la Comisión de la Dignidad a la Facultad de Traducción por dejarse celebrar este acto, lo cual no se puede decir de otras dependencias públicas. Gracias también a los profesores José Luis de las Heras y Teresa Carvajal por participar en el mismo y a los asistentes y a la prensa por haber acudido a este acto. Gracias también a Juan Antonio García Iglesias que desde su columna de opinión de La Gaceta nos da la bienvenida a Henry Ettinghausen y a mi. Tras seis venidas en tres años a esta magnífica ciudad, nos sentimos ya en casa.
Como el profesor Henry Ettinghausen se va a centrar más en lo que constituye el contenido del libro en si, quisiera dedicar mi intervención a hacer unas reflexiones generales sobre el porqué de esta presentación, sobre porqué los catalanes damos la pelmada desde hace tiempo sobre este tema de los documentos y también incidir en algún aspecto argumental de esta complicada trama que ya iba siendo hora que se resolviera en bien de la salud de todos.
Para responder a la primera pregunta, y por si hubiera todavía alguna duda entre alguno de los presentes, debemos aclarar que nosotros presentamos este libro hoy en Salamanca sin el más mínimo ánimo de ofender la sensibilidad de nadie. Hoy algún medio especula sobre si venimos con ganas de provocar, y la verdad que Henry y yo le hemos dado muchas vueltas al como podríamos conseguir tamaña hazaña. Los dos tenemos sangre británica en nuestras venas, curiosamente debido ambos a las persecuciones de sendos regímenes dictatoriales, pero no sé se acabamos de dar la imagen de hooligans. En todo caso, nos hemos planteado de venir plenamente conectados con la tolerancia, como pide la Junta que, dicho sea de paso, nos denegó una dependencia para poder presentar este libro. En todo caso, como ocurrió ayer en Valladolid, donde obtuvimos una cálida recepción, lo presentamos para contribuir a estrechar los lazos de entendimiento que deben unir a los pueblos. Presentar un libro es un acto de cultura y juro solemnemente que el día que el Sr. Julián Lanzarote o la vicepresidente de la Junta María Jesús Ruiz presenten un libro en la Conejería de Cultura en Barcelona, acudiré religiosamente a oirles y, si procede, comprar el libro. A pesar de todo presentamos el libro sin hacernos demasiadas ilusiones de que parte de lo que vayamos a decir cuaje en parte de la opinión pública castellano-leonesa y entre la clase política que rige esta ciudad y comunidad. Pero sí tenemos la esperanza que cuando unos y otros dejen serenarse los ánimos, más de uno acabe viendo la bondad de haber devuelto unos documentos que un régimen nacido de una rebelión militar de corte fascista un día expolió.
Por contra, no quisiéramos que nuestros hijos tuvieran que vivir en un mundo que diera por bueno la recalificación y blindaje en forma de Archivo, tal como está concebido, de lo que no fue ni más ni menos que un depósito policial compuesto en gran parte por materiales robados a entes democráticos y republicanos y que en su vasta mayoría poco o nada tienen que ver con la Guerra Civil ni con su origen. Todo esto no quita que queramos firmemente que prospere una importante institución asociada con la memoria histórica y el estudio de la Guerra Civil, ubicada en Salamanca. Vaya eso por delante. El Gobierno español hará muy bien en invertir en esa institución con nuevas tecnologías que convierten en poco menos que absurdos las prevenciones que ante el retorno albergan algunos. Sería magnífico y higiénico que una parte de esa preocupación se transfiriera alguno de estos días a la consideración de otras dependencias archivísticas de la ciudad –ahora sí, plenamente municipales- las condiciones de abandono total ha denunciado no hace mucho la Asociación de Archiveros de Castilla y León.
En todo caso lo que hoy más nos inquieta del caso planteado, y la forma en que está planteado, es que algunos de los más firmes defensores de la no-devolución y del concepto tan nebuloso de la “Unidad de Archivo” no parecen participar del todo de esa voluntad de dar un carácter claramente condenatorio de lo que fue el franquismo. En este aspecto no creemos que sea un buen síntoma que en la argumentación anti-retorno que el actual aclalde tejía en su fase de senador, haya apelado en más de una ocasión a leyes del propio franquismo para justificar el no-retorno. Algun gesto más benevolente hacia nosotros los provocadores quizás hubiera servido para hacérnoslo olvidar. Pero no. Todo esto, más las actitudes de hostilidad y boicot que se aprecian ante la herética petición catalana, a menudo nos llevan a preguntarnos: ¿estamos o no a favor de iniciativas tendentes a denunciar al franquismo y el horror que suposo? Sinceramente la actitud de algunos no-retornistas –eruditos o no- más bien parecerían llevar a pensar lo segundo. Qué más eficaz manera existe de ejercer represión que haciendo monumentos que, diciendo quererla denunciar, lo que realmente están haciendo es consagrar su continuidad. Si prosigue el resultado del expolio y la represión, el propósito de hablar de monumentos –como hacía la ministra del Castillo- resulta sencilla y llanamente un sarcasmo. Para entendernos, casi todo el mundo entiende y aplaude que Matthausen y Dacchau queden en pie como lugares de la memoria del holocausto, para condenarlo. Lo que no se entendería tanto –y permítanme la dureza del símil- es que para redondear el efecto monumental de la operación, fuera a la vez conveniente de mantener unos cuantos judíos en los barracones, sea por razones monumentales o por Unidad de Archivo o de Judío.
A los catalanes y valencianos y, en general, a las entidades y particulares que han reclamado sus documentos, nos duele el trato que hemos tenido. No creo que nos lo merezcamos. Sinceramente. Y creemos que al ver aislados y estigmatizados mediáticamente a los que defienden, cargados de razones, el retorno, el elemento progresista de la ciudadanía debiera reaccionar y salir de la indiferencia. Debería informarse mejor. Debería atreverse a ver más allá del triste enfrentamiento alentado por ciertos políticos. Creemos que estamos ante un tema que no da lugar ya a disputas de votos con sectores que en el fondo no ven en el franquismo algo del todo ajeno y destructivo, por expresarlo en términos generosos. En ese aspecto, y con todo respeto, quisiera animar a todos los que beben de la rica tradición histórica y liberal de Castilla y Leon a dar un nuevo vistazo a este contencioso para ver si es verdad que eso que pedimos los catalanes nace del simple egoismo nacionalista, como dicen, o si detrás de ello no habrá algo más edificante, más científicamente solvente, algo menos visceral como por ejemplo la sed de una reparación histórica. O, por ejemplo, unos principios éticos más allà de la filiación localista que siempre parece dispuesta a vestir las cosas de conotaciones sospechosas. Porqué la Comissió de la Dignitat de Catalunya no pide los papeles de Odina Capo y de Teresa Pàmies por Catalunya, sinó por dignidad. La dignidad a que tiene derecho toda persona u organismo despojado violentamente de su patrimonio.
Por otra parte, y como periodista que soy, quisiera hacer una pequeña autocrítica sobre el derrotero que ha tomado todo este asunto y el papel que han podido tener en ello una parte de los medios de comunicación. Sinceramente da pena ver algunos titulares de la prensa de los últimos días por lo que hace al caso. Titulares que hablan de la “ofensiva de los catalanes” o de “provocación” están totalmente fuera de lugar. Ayer un titular recogía las declaraciones de la vicepresidenta de la Junta que decía “Espero que Jesús Málaga ceda la Guardia Civil al alcalde para defender el Archivo”. Usetedes se imaginan un dirigente democrático alemán exigiendo la intervención de cuerpos armados para retener documento expoliados a los polacos en la Segunda Guerra Civil. Sinceramente creo que no, aunque sólo sea porque resulta inimaginable que documentos robados por nazis en la guerra no hayan sido devueltos a sus verdaderos propietarios hace sesenta años. Volviendo a la Guardia Civil invocada por la vicepresidenta, creo que el siniestro periplo “archivístico” asigndo al cuerpo entre 1938 y mediados de los año 70, ya fue suficuentemente largo. Por el bien de la democracia. Por el bien de la Guadia Civil, una parte de la cual por lo menos se mantuvo fiel a la legalidad en 1936. No les vayamos a pedir ahora lo contrario. ¿Acaso tenemos Henry y yo cara de asaltadores de Archivos? Yo quisiera preguntar, desde el respeto contenido, ¿quién tiene el papel de provocador en todo este caso? Dicho de otra manera ¿En qué país del mundo se ve como provocadores a las personas que piden el retorno de materiales robados? Les puedo asegurar que Henry y yo, y millares de instituciones, catedráticos y elementos humanos y colectivos de la más multipinta caracterzación imaginable, en Catalunya y en los rincones más perdidos de la comunidad archivística y universitaria de los 5 continentes, estamos con los asaltados y no con los asaltadores de archivos de antaño o sus apologetas de hoy, vayan o no de buena fe.
Yo quisiera proseguir mi intervención con dos breves reflexiones más. En primer lugar, quisiera hacer referencia a algunos aspectos de un artículo publicado el pasado día 22 de noviembre en el diario El Norte de Castilla bajo el título “Un Archivo con sentido”. Porque creo que es aquí donde podemos desatar uno de los principales nudos gordianos que entorpece todo este asunto. En él, el autor, Carlos Travesi de Diego, director del Archivo General de Castilla y León, aboga por el no-retorno diciendo que deben mantenerse los llamados archivos de la represión. Incluso parece que los argumentos de los no-retornistas se hayan reunido últimamente bajo este estandarte una vez puesto seriamente en duda el carácter de Archivo de la Guerra Civil que tiene el Archivo que nos ocupa. Lo más pintoresco de esta posición es que sus defensores dicen contar con la bendición nada menos que de la UNESCO, basándose, se dice, en unas supuestas recomendaciones que hiciera ese organismo a mediados de los años 90. Lo que en todo caso no se dice es el porqué de esas recomendaciones. Ni se dice hacia qué tipo de fondos iban referidas. La verdad es que el documento en cuestión se refería básicamente a los fondos policiales de países del este de Europa y el peligro que gobiernos neocomunistas pudieran borrar las huellas de los posibles crímenes cometidos por regímenes no democráticos tras la caído del muro. Se temía que pudiera pasar algo parecido a lo que hizo Martin Villa con los archivos del Movimiento o de algunos Gobiernos Civiles en su etapa de Ministro del Interior, sin que ello parezca ser óbice el tiempos del gobierno Aznar para su máxima eligibilidad para altos cargos en la vida pública. Quizás haya algún paralelismo inconfesable entre hace borrar manchas del Prestige y hacer marchar manchas del franquismo. En todo caso parece que desde ese sector prevalgan los premios para los destructores de archivos y el castigo para los que reclaman los suyos robados. Pero volviendo a la supuesta recomendación de UNESCO, que reclama el Sr. Travesí, habría que contrastar esa opinión con la de auténticos expertos en el tema. Dudo mucho que en Europa haya dos expertos más cualificados que Michel Duchein, responsable absoluto de los archivos del Estado francés durante muchos años, o Klaus Oldenhage, experto en la reorganización de archivos en la postguerra en Alemania. En marzo de 2003, ellos colaboraron en unas jornadas memorables celebradas en Barcelona, de las cuales se redactaron unas conclusiones que no obtuvieron ningún reflejo en la prensa estatal. El informe definía los archivos que resultaban de reagrupamientos artificiales, así como los productos de los expolios militares, inter o intranacionales, como “pseudofondos” o “fondos mixtos”. En ningún caso se las consideraba como fondos naturales, ya que no forman una “comunidad de origen”. En relación a estas "partes de fondos" secuestradas de sus fondos de origen, el trabajo concluía de forma taxativa que su reintegración en fondos de origen no sólo era posible, sino “altamente deseable”. La deontología archivística jamás debe justificar una reubicación ocasionada por un expolio a menos que el país de origen haya desaparecido bajo las aguas o contaba con un régimen no apto para la práctica archívistica. Así de claro. Por si fuera poco, no parece salir precisamente fortalecido el supuesto argumento pro archivos de la represión de UNESCO cuando el anterior Secretario General de esa propia entidad ha abogado decidídamente por el retorno a Catalunya de los fondos expoliados.
Pero aun hay nuevas preguntas que podemos hacernos. ¿Qué posible relación podrá tener el retorno de materiales de Salamanca - preguntaba ayer en Tarragona el historiador Paul Preston - con borrar huellas de crímenes franquistas? Acaso los componentes de la Comisión de la Dignidad tenemos cara de apologetas del franquismo? La masiva presencia de historiadores y archiveros en su seno y sus apoyos académicos internacionales no parece preconizarlo. ¿En qué se disminuirá el retorno la capacidad para entender el pasado y para atender y documentar a los solicitantes de información sobre parientes e historiales de la guerra etc.? No nos engañemos. Que nadie piense que estas funciones se verán mermadas ni las huellas del franquismo borradas con un retorno de los archivos catalanes a Catalunya, como daba a entender el Sr. Travesi. Lo único que seguiría creando huella franquista, en todo caso, sería la continuada retención de esos documentos en cuestión en un Archivo temático, siendo el de “Archivo temático” un concepto totalmente descartado por la archivística moderna. ¿Acaso existe un Archivo de la Segunda Guerra en Inglaterra? ¿O un Archivo de la Guerra del Rif en Madrid? No existen porqué ya hace largos decenios que la archivística simplemente no funciona así. Paralelamente, a los que siguen creyendo lícito pensar que deba subsistir con su unidad el Archivo de Salamanca como Archivo General de la Guerra Civil –y no con otro carácter incluso más importante y enriquecedor, desde el punto de vista histórico y divulgativo, conviene que se pregunten dos cosas: 1) si realmente se plantea el Archivo como Archivo de la Guerra Civil, ¿por qué las autoridades locales no piden el traslado de los fondos de la Guerra Civil de los enormes fondos sobre la Guerra Civil que hay en al menos 6 Archivos españoles, como són: ?
- Servicio Histórico Militar (Madrid/Avila)
- Archivo Ministerio de Asuntos Exteriores (2 bandos). Madrid.
- Archivo general de la Administración Alcalá.
- Archivo Administrativo-Militar Guadalajara (presos, prisiones, campos etc.)
- Archivo de Segovia. Todos expedientes profesionales.
- El archivo militar de El Ferrol que, como expone el historiador burgalés Luis Castro, es el que contiene toda la historia salmantina y castellana que le falta al archivo de Salamanca.
Por no hablar de la subvencionadísima Fundación Francisco Franco, el traslado del archivo de la cual hasta Salamanca no recuerdo ningún artículo de La Razón o el ABC que lo exigiera. ¿Ustedes sí? ¿Cuándo ha pedido algún político salmantino el traslado de todo ese material a Salamanca por razones de unidad temática de archivo?
La segunda pregunta és mucho más sencilla: Si Salamanca es el Archivo de la Guerra Civil, ¿por qué sólo contiene documentos de una minoría de provincias? Acaso no hubo guerra civil en todo el estado? ¿No será que seguirà coleando algo de ese concepto que en otro tiempo se llamaba provincia desafecta?
Al final uno llega a la conclusíon que algo no cuadra.
No quisiera acabar mi intervención sin aportar unos datos que no debieran dejar a nadie indiferente ante este problema. Libros cmo “Els papers de Salamanca. Crónica d’un espoli” de Josep Cruanyes o La guerra secreta de Franco de M. Ros Agudo, revelan que los grandes artífices del achivo policial de Salamanca fueron los nazis. El Gabinete Diplomático de la Jefatura del estado pidió a la embajada alemana nazi la ayuda de una comision de expertos que instruyera a la policia espanyola en la práctica de la represión a través de la intervención de información. La comisión nazi llegó a Valladolid a finales de 1937 a las órdenes de coronel SS Jost, jefe del Departamento VI (información extranjera) del Servicio de Espionaje. A inicios de 1938 esta comisión fue agregada al Ministerio de Orden Público, con sede en Valladolid. De todo este proceso nace la DERD, Delegación del Estado para la Recuperción de Documentos, a las órdenes del carlista Marcelino Ulibarri. La única diferencia entre las experiencias alemana y española de estas iniciativas paralelas es que con la recuepración de la democracia en Alamenia, odos los papeles que no se habían destruido fueron religiosamente devueltos. Los de sus discípulos españoles siguen en su lugar de expolio. Y yo pregunto. Si el Ministro Bono acaba de devolver la santa cruz ortodoxa expoliada por la Division Azul a la Rússia de Stalin, porqué no se nos puede devolver a los catalanes lo que es nuestro con el mismo ánimo y con la misma consideración? ¿Acaso no somos dignos de que se los trate con dignidad?
Muchas gracias.